14 de febrero de 2026

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Evangelio del día

Santos Valentín, Cirilo y Metodio

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer.
Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos».
Los discípulos le preguntaron: ¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?
Él les dijo: ¿Cuántos panes tienen ustedes?
Ellos respondieron: Siete.
Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud.
Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.
Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas.
Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

El Evangelio de hoy nos narra la multiplicación de los panes, Jesús se reúne nuevamente con una multitud y vuelve a tener compasión con ellos. Hacía tres días que permanecían junto a él y no tenían que comer y es por eso que Jesús los socorrió milagrosamente. Jesús vuelve a mostrar su amor incansable y colma de paz a sus hambrientos.

Hay un detalle en este Evangelio que llama la atención: es la pregunta que Jesús hace a sus discípulos: ¿Cuántos panes tienen ustedes? O, dicho de otra manera, ¿Qué es lo que ustedes tienen para ofrecer? Una pregunta que seguramente Jesús hoy la vuelve a repetir para cada uno de nosotros. Frente a la multitud de hombres que no tiene pan para comer, alimento para calmar su hambre o las cosas necesarias para vivir dignamente, él nos pregunta ¿Qué tenemos para ofrecer?

Creo que aquí está la clave del Evangelio de hoy, la clave de lo que significa la solidaridad. No importa si nuestro ofrecimiento es mucho o poco, para Dios el gesto de dar con generosidad es más que suficiente. Si nosotros nos disponemos a dar, Jesús hará el resto para que la justicia, tan largamente esperada, se haga realidad, para que el pan llegue a todos.

Si somos capaces de hacer presente, con nuestras acciones, la semilla del Reino, la solidaridad, el amor, la justicia, como también nos los recuerda la Palabra de Dios, todo lo demás se dará por añadidura. No te olvides que el que comparte, reparte y le sobra.


Somos aún su pueblo, somos las ovejas que su mano conduce; El escuchará nuestros gemidos, porque está lleno de bondad, de dulzura, de compasión, para con aquellos que le invocan; y según el bello pensamiento de san Juan Crisóstomo, espera a dar a luz su misericordia con el mismo ardor que una mujer espera dar a luz” (ATC I p. 330)

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
cinco panes y dos peces.
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí hay un muchacho
que solamente tiene
un corazón dispuesto a dar
Mas, ¿qué es eso para tanta gente?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel.
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Toma este corazón.
Toma cuanto tengo y cuanto soy.
Toma mi pasado, mi presente y mi futuro.
¡Todo cuanto tengo tómalo!

Mi corazón tomaste,
mis panes bendijiste;
a la gente repartiste,
y a todos alcanzó.
Mi vida está en tus manos
y quieres repartirla
como hiciste con mis panes
aquel día, ¡Oh Señor!

Aquí están mis palabras,
aquí están mis acciones,
aquí están mis ilusiones
Mas, ¿qué es eso sin tu amor, Señor?

Aquí esta este corazón
que quiere serte fiel
Mas, ¿qué es eso si no te tiene a ti?
¿Si no te tiene a ti?

Aquí está este corazón,
con mis panes y mis peces.
Toma todo y repártelo, Señor.

Aquí hay un muchacho…


San Valentín fue un sacerdote y, según algunas tradiciones, también obispo, que vivió en Roma en el siglo III, durante el imperio de Claudio II. En ese tiempo, el emperador prohibió el matrimonio entre jóvenes soldados, convencido de que los hombres solteros eran mejores guerreros. Valentín, movido por su fe cristiana y su convicción sobre el valor del amor y el matrimonio, desobedeció la orden y celebraba bodas en secreto.
Al descubrirse su actividad, fue arrestado y encarcelado. Durante su prisión, la tradición cuenta que devolvió la vista a la hija de su carcelero. Finalmente, fue martirizado alrededor del año 269 por no renunciar a su fe.
San Valentín es venerado como mártir y patrono de los enamorados, símbolo del amor verdadero que se dona sin miedo, incluso hasta dar la vida.

San Cirilo y san Metodio fueron dos hermanos nacidos en Tesalónica (actual Grecia) en el siglo IX. Metodio fue primero funcionario civil y luego monje. Cirilo, más joven, fue un gran estudioso, filósofo y sacerdote. Ambos fueron enviados como misioneros a los pueblos eslavos, especialmente a la región de la Gran Moravia.
Su gran aporte fue anunciar el Evangelio en la lengua del pueblo. Para ello, san Cirilo creó el primer alfabeto eslavo (origen del alfabeto cirílico) y juntos tradujeron la Biblia y los textos litúrgicos al eslavo, facilitando una fe comprensible y cercana. Esto generó resistencias, pero contaron con el apoyo del Papa, que reconoció la legitimidad de su misión.
San Cirilo murió en Roma en el año 869; san Metodio continuó la evangelización hasta su muerte en 885, sufriendo persecuciones y encarcelamientos. Ambos son venerados como apóstoles de los eslavos y copatronos de Europa, ejemplo de unidad, diálogo cultural y fidelidad a la Iglesia.