Dijo Jesús: Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.
El amor es mucho más que sentimiento: abarca la entera realidad, todas sus dimensiones… El amor es una voluntad, una decisión, una entrega que comporta renuncias y sufrimientos.Hoy, el texto del evangelio, es una profunda reflexión del evangelista sobre el amor manifestado de Dios. Se nos dice que, “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único”. Tanto me amó Dios, que mi vida le ha costado la vida al Hijo único de Dios. Tanto amó Dios a todo el mundo, que el Hijo es el precio para que el mundo se llene de la gracia de Dios. El inmenso amor de Dios al mundo, un amor extremo y exagerado, le ha costado el desgarro de la entrega de su Hijo, una entrega total y dolorosa, hasta la muerte.Al mirar nuestra realidad, muchas veces la palabra amor resulta abusada, gastada y, tantas veces, prostituida, porque suele identificarse con un mero sentimiento voluble, rosa, romántico que, como viene, se va. ¿Cuántas veces el amor fracasa porque somos mezquinos y no estamos dispuestos a pagar su precio? En la Resurrección, descubrimos un amor verdadero, que triunfa sobre el egoísmo, porque se ha entregado del todo, asumiendo el precio que esa entrega comporta.Vivir en este mundo en el ámbito de la resurrección por el bautismo, significa vivir creyendo que ese precio merece la pena (aunque pena haya y, a veces, no poca), que no es una pérdida, sino una ganancia y que, pese a todas las apariencias, el amor vence. (Webb salesiana)
Querido hijo, ¡Jesucristo, nuestro Señor, trabajó por tu salvación y por la mía hasta la muerte y muerte de cruz! No lo olvidemos.” (Al H. Ambrosio, 7 de junio de 1843)
Tú me miraste cuando nadie vio,me diste vida cuando el mundo huyó.Levantaste mis manos cansadas,me cubriste con tu amor.En el silencio escuché tu vozsusurrando: Hijo, aquí estoy yo.Me sanaste, Jesús, me abrazasteY a mi alma dio dirección.Oh, mi Señor, nada soysin tu presencia.Oh, mi Dios,mi refugio y fortaleza.Te adoro con todo mi ser.Mi corazón es tuyo, Señor.En ti encontré la paz,en ti descansaré.Cuando caigo, tú me levantas,cuando lloro, tú me das calma.Mi pastor, mi fiel amigo,contigo quiero andar.Mi Señor, tu bondad no tiene fin.Oh, mi Dios,mi esperanza está en ti.Toda la gloria sea a ti,que reinas por los siglos,Jesús, Jesús,Rey de mi corazón.Te adoro con todo mi ser.Mi corazón es tuyo, Señor.en ti encontré la paz,en ti descansaré.En ti descansaré,Jesús mi buen Pastor.