Jesús dijo a sus discípulos: Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.Les he dicho esto para que no se escandalicen.Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.
Jesús les promete a sus discípulos el Espíritu que les hará comprender el plan de Dios y les dará el coraje necesario para enfrentar las dificultades, que muy pronto surgirán por todas partes.Nunca les prometió la vida fácil, la dolce vita. Nunca les dijo que Dios les iba a remover los obstáculos, ni que irían de milagro en milagro convenciendo a todo el mundo. El panorama que les presentó no era fácil y por eso necesitarían todo el empuje del Espíritu para afrontarlo. El gran milagro fue que, a pesar de su pobreza, el anuncio se expandió por el imperio y penetró en sociedades, donde parecía imposible que fuese a entrar. El mundo se fue empapando del mensaje cristiano poco a poco.La fuerza del Espíritu estuvo allí y también la fe de muchos, que no se quebraron frente a las dificultades y siguieron apostando por el camino de Jesús.No nos asustemos de los problemas, ni de la falta de fe, ni de las muchas ‘filosofías de vida’ que llevan al vacío y a la muerte.Sigamos apostando por el mensaje de salvación de Jesús, que es el del amor, de la paz, de la alegría.Y dejemos que el Espíritu nos guíe.No creamos que con nuestras fuerzas basta.
Tengan confianza; que este sentimiento domine sobre todos los demás; y después de haberse examinado a ustedes mismos, miren con un gran amor y una gran alegría a este Divino Jesús, que al asociarlos a su sacerdocio, los revestirá de su justicia, y los hará partícipes de todos sus méritos. Convénzanse que encontrarán en Él todo lo que no tienen; Él suplirá todo lo que les falta. Entréguense pues a Él sin reserva. Intenten pues durante el retiro, unirse a Él íntimamente; es lo esencial, o mejor dicho eso es todo”. (S. VII, Importancia del retiro)
No recibimos el espíritu de Diospara seguir viviendo esclavos,sino que hijos adoptivos, el Señor,nos hizo por su hijo amado.Y es el espíritu quien hoydice en nuestro corazón:“No tengan miedo de ser santos”.Él, a su lado, nos llamóY, convocados por su amor,todos unidos le cantamos.No tenemos miedo, no (4)Cae la tarde, pierde el día su fulgory el miedo crece entre las sombras.Pero, en la noche, el creyente corazónespera el brillo de la aurora.Así, despierto, nuestro amorespera el mensajero albordel día que ya está llegando.Sus centinelas somos hoy,testigos de ese nuevo solque es Jesús resucitado.Y así, en Cristo alimentamos la esperanzade construir la civilización del amor.El amor de Dios inclina la balanza.Si a nuestro lado está,¿quién nos podrá enfrentar?Ya no podemos, por la gracia del Señor,permanecer indiferentes.Ya no podemos resignarnos al dolor,a la miseria, a la muerte.Dios nos invita a iluminarcon nuestra vida pastorallas realidades en penumbras.Y es nuestra apuesta, nuestro plande transformar la realidadcon su presencia y con su ayuda.Si en la balanza de este mundo y su dolor,más que el amor, pesan las armas;si manda el dólar,si la guerra y la opresiónnos acorralan la esperanza,aún hay oportunidadpara jugarse de verdad,para no darse por vencido.Hay un camino que tomarpor los humildes, por la pazpor la verdad de Jesucristo.Y así, en Cristo alimentamos la esperanzade construir la civilización del amor.El amor de Dios inclina la balanza.Si a nuestro lado está,¿quién nos podrá enfrentar?