Jesús, levantando los ojos al cielo, exclamó: Padre Santo, manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.
En sintonía con el Evangelio de ayer, hoy encontramos a Jesús rezando al Padre por sus amigos, los discípulos.Desde el inicio de su misión apostólica ha caminado junto a ellos, ha compartido largas horas de caminatas, charlas y han sido los principales destinatario de su mensaje: Nadie como ellos han visto y escuchado lo que Jesús ha dicho y hecho. Jesús ha depositado en ellos toda su confianza y no quiere dejarlos solos.Por eso intercede ante el Padre y los confía a su protección. Este hermoso gesto de amistad manifiesta cuánto ama Jesús a sus discípulos. Desea que ellos tengan la misma experiencia de amor y unidad que Él tiene con el Padre: “Que mi gozo sea el de ellos”.Pero hay algo más grande aún: Jesús les comparte la misma misión que el Padre le ha dado. Jesús quiere que sus discípulos sean sus testigos por todo el mundo: “Como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo”. Esto expresa la gran confianza que tiene en sus discípulos. Jesús, que ha experimentado las dificultades que provoca la misión y conoce los fracasos, las traiciones, sabe que sus discípulos también pasarán por pruebas parecidas. En su oración al Padre, para que “los libre del Maligno”, manifiesta la absoluta confianza que tiene en su Padre. Sabe que todo está en sus manos y nada, ni nadie le arrebatará al Padre ninguno de sus hijos e hijas. (Jn 10, 29).Para interiorizar este Evangelio podemos preguntarnos: En las dificultades que experimento en la vida cotidiana: ¿Me confío al amor del Padre Dios? ¿Le pido a Jesús que me sostenga en las adversidades?
Cuando pienso en los peligros que los amenazan, las seducciones de todo tipo de las cuales estarán rodeados; cuando recuerdo que sólo quien persevere hasta el fin se salvará, y al mismo tiempo considero su superficialidad, su inconstancia, su debilidad, mi alma se conmueve y se abate. Pobres hijos, me gustaría que pudiéramos estar constantemente con ustedes para protegerlos, prevenir sus caídas, defenderlos contra los enemigos de su seguridad y su bien. Pidan en este momento todas las gracias que necesitan para perseverar en la virtud y en su amor; él no puede negarles nada. (SIII, 130)
Pruebas de tu amorme diste, oh Señor.toma, toma Tú mis manos.Caminar contigoquiero hoy, Señor.Señor, me falta la fe.¿A quién le debo pedir?Yo le pido a Jesucristoque me dé su graciay su bendición.Ayúdame, Señor,a hacer tu voluntad.Toma, toma Tú mi vida.Alabarte siemprequiero hoy Señor.