22 de junio de 2026

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Evangelio del día

Santos Paulino de Nola, Juan Fisher y Tomás Moro

Les dijo Jesús: No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano, deja que te saque la paja de tu ojo, si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

“Todos queremos que en el Juicio Final el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida.
Pero si tú juzgas continuamente a los otros, con la misma medida serás juzgado.
Mírate en el espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, ese no es el consejo. Mírate al espejo para ver cómo eres.
¿Por qué miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo?
¿Y cómo nos califica el Señor cuando hacemos esto?
Una sola palabra: hipócrita, quita antes la viga de tu ojo y entonces verás bien para quitar la brizna del ojo de tu hermano.
Parece que el Señor se enfada un poco aquí y llama hipócrita a aquel que se pone “en el lugar de Dios”.
Se trata de algo que quiere el demonio, como ya hizo con Adán y Eva, “ponerse en el lugar de Dios”.
Por eso es tan feo juzgar.
¡El juicio sólo es de Dios, sólo es suyo!
A nosotros nos corresponde el amor, la comprensión, rezar por los otros cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablarles a ellos: ‘mira, yo veo esto y quizás…’
Pero nunca juzgar. Nunca. Esto es hipocresía.
Cuando juzgamos nos ponemos en el puesto de Dios, pero nuestro juicio es un pobre juicio; nunca puede ser verdadero, porque a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, juzga con misericordia”. (Papa Francisco)

 
¿Qué persona consentiría, salvo algunas excepciones, que los otros juzgasen de ella según ellos mismos, quiero decir, según lo que se imaginan que habrían dicho o hecho en su lugar? Sé pues justo, y nunca pongas a los otros en tu lugar cuando te permitas juzgarlos; tus ideas no son las suyas; lo que tú ves, ellos no lo ven. Es muy posible que ellos actúen sin culpa mientras que tú hubieras hecho el mal.

Cuentan que hace más de dos mil años
las ovejas del rebaño iban tristes por la vida, lejos de un pastor que las guiara;
sus corazones llevaban tanta herida que sanar

Fue allí que Dios, rico en misericordia,
nos manifestó su Gloria,
desde el vientre de María
revelándonos su amor de Padre,
en el Verbo hecho carne.
¡Qué alegría! En verdad

Y en un abrazo misericordioso nos unió,
nos devolvió la dignidad perdida.
Buscó la oveja, que del fiel rebaño se alejó,
sanó su herida y la rescató (2)

Con mirarlo uno veía al Padre.
Su ternura era el mensaje,
su actitud la cercanía.
Nos llenaba de besos y de abrazos
y buscaba a cada paso darnos vida y libertad.

Misericordiosos como el Padre
nos pedía que seamos frente a tanta hipocresía.
No juzgar para no ser juzgados,
ver en el otro a un hermano
con heridas que sanar.

Jesucristo estás a nuestro lado
y nos pides que veamos
tanta dignidad perdida,
tantos gritos y tantas miradas,
tanta gente postergada
y excluida de verdad.

Enséñanos a estrechar sus manos,
para que juntos sintamos
tu grata presencia amiga,
y esa caridad que nos obliga
a ser signos de alegría y de solidaridad.


Paulino de Nola (354-431) fue una de las figuras más notables del cristianismo antiguo. Nacido en Burdeos (actual Francia) en el seno de una familia noble romana, recibió una excelente formación literaria y llegó a desempeñar importantes cargos políticos, entre ellos el gobierno de la región de Campania, en el sur de Italia.
Durante su estancia en Campania conoció la devoción popular hacia San Félix de Nola, experiencia que influyó profundamente en su conversión. Más tarde recibió el bautismo y, junto con su esposa Teresa, emprendió un camino de vida cristiana cada vez más radical. La muerte de su único hijo fortaleció su decisión de entregarse completamente a Dios.
Paulino renunció a su brillante carrera, distribuyó gran parte de su fortuna entre los pobres y se estableció en Nola, cerca de la tumba de san Félix. Allí fundó comunidades de vida monástica, se dedicó a la oración, al estudio de las Escrituras y a la atención de los necesitados.
En la Navidad del año 393, mientras estaba en Barcelona, el pueblo pidió espontáneamente que fuera ordenado sacerdote. Poco después regresó a Italia. Su fama de santidad creció tanto que, al morir el obispo de Nola en 409, fue elegido obispo por aclamación popular. Ejerció este ministerio hasta su muerte en el año 431.
Fue amigo y corresponsal de grandes santos de su tiempo, como San Agustín de Hipona, San Jerónimo y San Ambrosio de Milán. Además de pastor, fue un destacado escritor y poeta cristiano; se conservan numerosas cartas y poemas suyos, especialmente dedicados a san Félix. La Iglesia lo venera como obispo, poeta y modelo de caridad evangélica.

John Fisher nació en Beverley, Inglaterra en 1469. Estudió en la Universidad de Cambridge, donde llegó a ser una de las figuras intelectuales más importantes de su tiempo. Fue nombrado obispo de Rochester en 1504 y se destacó por su profunda vida espiritual, su amor por el estudio y su defensa de la fe católica.
Cuando el rey Enrique VIII quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón y proclamarse cabeza de la Iglesia en Inglaterra, Juan Fisher se opuso firmemente, defendiendo la autoridad del Papa y la indisolubilidad del matrimonio.
Por negarse a reconocer la supremacía religiosa del rey, fue encarcelado en la Torre de Londres. El Papa Pablo III lo creó cardenal mientras estaba preso, pero Enrique VIII reaccionó con furia. Finalmente fue condenado por alta traición y decapitado el 22 de junio de 1535.

Tomás Moro nació en Londres en 1478. Fue un brillante jurista, escritor y humanista. Amigo de Erasmos, escribió la célebre obra Utopia, donde describía una sociedad ideal basada en la justicia y el bien común.
Llegó a ser Lord Canciller de Inglaterra, el cargo más importante después del rey. Sin embargo, cuando Enrique VIII rompió con Roma, Tomás Moro se negó a aceptar que el rey fuera la máxima autoridad religiosa de Inglaterra.
Moro eligió el silencio para evitar conflictos, pero finalmente fue obligado a prestar un juramento que reconocía la supremacía del rey sobre la Iglesia. Su conciencia no se lo permitió. Fue encarcelado en la Torre de Londres durante más de un año. Condenado por traición, fue decapitado el 6 de julio de 1535. Antes de morir pronunció unas palabras que se hicieron famosas: «Muero siendo buen servidor del rey, pero primero de Dios».