20 de mayo de 2026

Mar
19
May
Mié
20
May
Jue
21
May
Vie
22
May
Sáb
23
May
Dom
24
May
Lun
25
May

Evangelio del día

San Bernardino de Siena – Beata María Crescencia Pérez

Jesús, levantando los ojos al cielo, exclamó:
Padre Santo, manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

En sintonía con el Evangelio de ayer, hoy encontramos a Jesús rezando al Padre por sus amigos, los discípulos.

Desde el inicio de su misión apostólica ha caminado junto a ellos, ha compartido largas horas de caminatas, charlas y han sido los principales destinatario de su mensaje: Nadie como ellos han visto y escuchado lo que Jesús ha dicho y hecho. Jesús ha depositado en ellos toda su confianza y no quiere dejarlos solos.

Por eso intercede ante el Padre y los confía a su protección.  Este hermoso gesto de amistad manifiesta cuánto ama Jesús a sus discípulos. Desea que ellos tengan la misma experiencia de amor y unidad que Él tiene con el Padre: “Que mi gozo sea el de ellos”.

Pero hay algo más grande aún: Jesús les comparte la misma misión que el Padre le ha dado. Jesús quiere que sus discípulos sean sus testigos por todo el mundo: “Como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo”. Esto expresa la gran confianza que tiene en sus discípulos. 

Jesús, que ha experimentado las dificultades que provoca la misión y conoce los fracasos, las traiciones, sabe que sus discípulos también pasarán por pruebas parecidas. En su oración al Padre, para que “los libre del Maligno”, manifiesta la absoluta confianza que tiene en su Padre. Sabe que todo está en sus manos y nada, ni nadie le arrebatará al Padre ninguno de sus hijos e hijas. (Jn 10, 29).

Para interiorizar este Evangelio podemos preguntarnos: En las dificultades que experimento en la vida cotidiana: ¿Me confío al amor del Padre Dios? ¿Le pido a Jesús que me sostenga en las adversidades? 


Cuando pienso en los peligros que los amenazan, las seducciones de todo tipo de las cuales estarán rodeados; cuando recuerdo que sólo quien persevere hasta el fin se salvará, y al mismo tiempo considero su superficialidad, su inconstancia, su debilidad, mi alma se conmueve y se abate. Pobres hijos, me gustaría que pudiéramos estar constantemente con ustedes para protegerlos, prevenir sus caídas, defenderlos contra los enemigos de su seguridad y su bien. Pidan en este momento todas las gracias que necesitan para perseverar en la virtud y en su amor; él no puede negarles nada. (SIII, 130)

Pruebas de tu amor
me diste, oh Señor.
toma, toma Tú mis manos.
Caminar contigo
quiero hoy, Señor.

Señor, me falta la fe.
¿A quién le debo pedir?
Yo le pido a Jesucristo
que me dé su gracia
y su bendición.

Ayúdame, Señor,
a hacer tu voluntad.
Toma, toma Tú mi vida.
Alabarte siempre
quiero hoy Señor.


San Bernardino de Siena nació en 1380 en Italia. Quedó huérfano siendo muy pequeño y fue criado por unas tías que le inculcaron una profunda fe cristiana. Desde joven se destacó por su inteligencia, su alegría y su amor a los pobres y enfermos.
Estudió en Siena y, durante una epidemia de peste, se dedicó con gran valentía a cuidar a los enfermos en el hospital de la ciudad. Después de esa experiencia decidió entregar completamente su vida a Dios e ingresó en la Orden Franciscana.
Fue un gran predicador popular. Recorrió muchas ciudades de Italia anunciando el Evangelio con un lenguaje sencillo y cercano, capaz de conmover a la gente. Invitaba a la conversión, a la paz entre las familias y ciudades enemistadas, y a vivir con honestidad y caridad.
San Bernardino difundió especialmente la devoción al Santo Nombre de Jesús. Solía mostrar una tablilla con el monograma “IHS”, invitando a todos a poner a Jesús en el centro de sus vidas.
También trabajó por la renovación de la vida franciscana y ayudó a fundar numerosos conventos. Aunque varias veces quisieron nombrarlo obispo, él prefirió seguir siendo un humilde predicador itinerante.
Murió en 1444 en la ciudad de L’Aquila, mientras continuaba predicando. Fue canonizado apenas seis años después, debido a la gran fama de santidad que tenía entre el pueblo cristiano.

Beata María Crescencia Pérez nació en 1897 en San Martín, provincia de Buenos Aires, Argentina. Desde pequeña se destacó por su bondad, su espíritu de oración y su deseo de ayudar a los demás.
Ingresó en la congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto. Vivió gran parte de su vida en la ciudad de Pergamino, dedicada al servicio de los enfermos, los niños y los más necesitados.
Se caracterizó por su humildad, su alegría y su gran caridad. Muchas personas acudían a ella buscando consejo, consuelo y oración. Aun en medio de enfermedades y sufrimientos físicos, mantuvo siempre una profunda confianza en Dios.
Murió el 20 de mayo de 1932, con fama de santidad. Con el paso de los años creció mucho la devoción popular hacia ella, especialmente en Pergamino y en distintos lugares de Argentina. Fue beatificada en 2012.