5 de mayo de 2026

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Evangelio del día

Martes de la 5º semana de Pascua

Jesús les dijo: Les dejo la PAZ, les doy mi paz, pero no como la da el mundo.
¡No se inquieten ni teman!
Me han oído decir: Me voy y volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.  Levántense, salgamos de aquí.

Siguiendo la costumbre judía, los primeros cristianos se saludaban deseándose mutuamente la paz. No era un saludo rutinario y convencional. Para ellos tenía un significado más profundo.

Esta paz no hay que confundirla con cualquier cosa. No es una ausencia de conflictos y tensiones. Tampoco una sensación de bienestar o una búsqueda de tranquilidad interior. Según el evangelio de Juan, es el gran regalo de Jesús, la herencia que ha querido dejar para siempre en sus seguidores. Así dice Jesús: “Les dejo la paz, les doy mi paz”.

Sin duda, recordaban lo que Jesús había pedido a sus discípulos al enviarlos a construir el reino de Dios: “En la casa en la que entren, digan primero: paz a esta casa”. Para humanizar la vida, lo primero es sembrar paz, no violencia; promover respeto, diálogo y escucha mutua, no imposición, enfrentamiento y dogmatismo.

¿Por qué es tan difícil la paz? ¿Por qué volvemos una y otra vez al enfrentamiento y la agresión mutua? Hay una respuesta primera, tan elemental y sencilla, que nadie la toma en serio: sólo los hombres y mujeres que poseen paz, pueden ponerla en la sociedad. Cualquiera no puede sembrar paz. Con el corazón lleno de resentimiento, intolerancia y dogmatismo se puede movilizar a la gente, pero no es posible aportar verdadera paz a la convivencia. No se ayuda a acercar posturas y a crear un clima amistoso de entendimiento, mutua aceptación y diálogo.

No es dificil señalar algunos rasgos de la persona que lleva en su interior la paz de Cristo: Busca siempre el bien de todos, no excluye a nadie, respeta las diferencias, no alimenta la agresión, fomenta lo que une, nunca lo que nos enfrenta.


Él les dará su paz, no como la da el mundo, esa paz inefable que sobrepasa todo sentimiento y que es el gozo anticipado y el alma de esta paz eterna. (Condiciones para aprovechar el retiro)

Hazme instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor.
Donde hay ofensa, ponga yo perdón.
Donde hay discordia, ponga yo la unión.

Donde haya duda, ponga fe
Donde haya error, ponga yo verdad
Donde hay tristeza, ponga yo alegría
Donde hay tinieblas, ponga yo la luz

Oh, Maestro, que no me empeñe tanto
en ser consolado, sino en consolar,
en ser comprendido, sino en comprender,
en ser amado, sino en amar.

Hazme instrumento de tu paz
porque dando siempre se recibe,
perdonando se alcanza el perdón,
muriendo se va a la vida eterna.