30 de octubre de 2026

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Evangelio del día

San Germán

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía.
Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: ¿Está permitido curar en sábado o no?
Pero ellos guardaron silencio.
Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y volviéndose hacia ellos, les dijo: Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?
A esto no pudieron responder nada.

Señor, de nuevo los testarudos fariseos a la carga. ¡Cuánta paciencia tuviste con ellos! Les dijiste una y otra vez que el amor es lo primero, que todo lo que se hace sin amor no sirve; que el obrar con amor nos llena de gozo y que el mero cumplimiento de la ley nos lleva a la tristeza.
Se lo dijiste mil veces a ellos y también nos lo dices a nosotros. Y, sin embargo, todavía seguimos amarrados a las normas porque éstas nos dan seguridad.
¿Habrá más seguridad que vivir en el amor? 
¿Habrá más alegría que el sentirte en brazos de Dios, nuestro Padre?
Hazme, Señor, cristiano, pero cristiano de verdad.

La pregunta de Jesús y la respuesta de los fariseos es bien distinta. ¿Por qué pregunta Jesús? ¿Pregunta por el tiempo que hace? ¿Pregunta por el lugar donde vamos a pasar las vacaciones? ¿Pregunta cómo van las acciones en la Bolsa?
Esas preguntas superficiales Jesús no las hace. Jesús pregunta por cosas serias. ¿Se puede hacer el bien? ¿Hay mucha gente que sólo piensa en hacer el mal; pero ¿hay alguien que se atreva a prohibir hacer el bien? ¿Para qué estamos en la vida si no es para eso? ¿En nombre de quien se puede prohibir hacer el bien a todas las personas?

A estas preguntas de profundidad, los fariseos dan la callada por respuesta.  ¿Por qué se callan? Porque tienen una ley que, según ellos viene de Dios y prohíbe trabajar en sábado, incluso si el trabajo consiste en hacer el bien. Jesús no puede estar de acuerdo con esta manera de tergiversar la misma ley de Dios.
Precisamente el sábado, día en que cesan las labores de la semana, es el día dedicado a Dios y a los hermanos. ¿O es que se puede ofender a Dios haciendo el bien a sus hijos? Cuando la religión se vive, vaciándola del contenido del amor, se pueden cometer verdaderos disparates. Sólo cuando el amor es el centro de la vida, podemos estar centrados en nuestra fe.

Señor, hoy te voy a pedir una cosa: esa tenacidad que los fariseos tenían con la ley, con las tradiciones, haz que yo la tenga con la fuerza del amor que Tú nos has dejado como testamento, poco antes de morir.  Haz que yo sepa amar como Tú nos has amado. No quiero más leyes ni más reglamentos.

Hijos míos, si no podemos, sin pecar, rehusar a nuestro prójimo ciertos servicios que nos pide en circunstancias difíciles y complicadas para él, en las que no podemos dejarlo sin que resulte para nosotros un detrimento grave; sisería un crimen no dar limosna a los pobres cuando tenemos medios; si a los ojos de Dios somos homicidas cuando no nos despojamos de lo que nos sobra a favor de los menesterosos a quienes les falta lo necesario; ¿creen que somos menos rigurosamente juzgados, cuando no  aportamos ayudas espirituales al alma hambrienta, agotada, sufriente de nuestros amigos, de nuestros padres y en fin de cualquier cristiano, sea quien sea, con el que habitualmente nos relacionamos?  ¿Los dejaremos en su miseria? ¿Podríamos amarlos y no sentirnos profundamente conmovidos por los males y los peligros que les amenazan? (Sermón a alumnos)

Ama a tus enemigos
al dar no esperes nada,
así tendrás mirada
y corazón sencillo.

Da amor al que te odia
y a aquél que te maldice
de corazón bendice
y sincero perdona.

Sed como vuestro Padre
que es bueno con los malos,
perdona los pecados,
tierno como una madre.

Rico en misericordia,
lleno de compasión.
Él regala el perdón
y así muestra su gloria.

Y si somos clementes
como el Padre piadoso
paciente y bondadoso,
magnánimo e indulgente.

Como Él derrocharemos
la gracia sin medida,
sanando las heridas
y amando hasta el extremo.

Si amáis a los que os aman
¿qué mérito tenéis?
Eso lo hacen también
los que no creen en nada.

La generosidad
con quien pagar no puede
hace que te asemejes
al Padre de bondad.

Al agresor injusto
muéstrale tu grandeza.
La bondad es la fuerza
que vence sobre el mundo.

Sé misericordioso
y no serás juzgado,
más bien serás colmado
de todo bien precioso.


San Germán de Capua fue un obispo italiano que vivió entre finales del siglo V y la primera mitad del VI. Según una tradición posterior, nació en una familia acomodada y, después de morir su padre, distribuyó sus bienes entre los pobres para dedicarse a la oración y al estudio de las Escrituras. Fue elegido obispo de Capua hacia el año 519.
Su principal servicio a la Iglesia fue trabajar por la unidad entre Oriente y Occidente. El papa Hormisdas lo envió a Constantinopla como integrante de una delegación que contribuyó a superar el cisma de Acacio, una división que había separado durante décadas a las Iglesias de Roma y Constantinopla. Se lo recuerda como un pastor sabio y un hombre de reconciliación.
Murió hacia el año 540 o 541. San Gregorio Magno cuenta en sus Diálogos que san Benito, mientras rezaba, vio su alma llevada al cielo en una esfera de fuego.